“Como reir de Los Olvidados”
Video digital HD (16:9)
8min
2017

Toma como punto de partida la película Los Olvidados, dirigida por Luis Buñuel en 1950 y donde se narra una historia trágica acerca de la vida de unos niños en un barrio marginal de la Ciudad de México. La capacidad del cineasta para impostar lo surreal en las formas tradicionales del relato es utilizada por Velázquez Cabrero como vía de acceso lateral, transgresora e indisciplinada, al contenido de la película. Esto supondrá un proceso de distorsión semántica donde la risa se posicionará como herramienta de autoprotección contra lo incómodo y perturbador.

El vídeo monocanal Cómo reír de Los Olvidados se configura como una suerte de manual explicativo donde la voz y los gestos del propio Velázquez Cabrero, superpuestos a algunas de las escenas más relevantes de la película, desgranan una metodología que busca desvincular la imagen de la narración que la sustenta. De este modo, las inseguridades y titubeos de los actores, la torpeza de algunos de sus movimientos o lo anticuado de la escenografía, entre otros recursos, funcionan como vías de descompresión emocional ante la tensión generada por los sentimientos adversos. Se trata, en definitiva, de ejercicios próximos a determinadas técnicas actorales y donde la distracción cognitiva nos llevaría a focalizar nuestra mirada en los elementos menos abrumadores de la imagen.

Este deseo de infringir la lógica de la película y de establecer un cortocircuito en el significado se acoge a aquella vertiente del humor que Freud definió como «placer de disparatar». Para Velázquez Cabrero, este placer tiene una doble función: por un lado, apacigua nuestra mirada gracias al maquillaje que otorga lo hilarante; por otro, funciona como un veneno de efecto lento capaz de agrietar el aséptico marco que ampara el discurso cultural hegemónico, mediado por una bulimia visual que nos lleva a asumir con escalofriante pasividad las representaciones más violentas y extremas de nuestra cotidianidad. La risa se convierte entonces en un gesto social necesario, capaz de ofrecer respuestas a ciertas exigencias de la vida en común ya que, como advirtiera Henri Bergson, «fuera de lo que es propiamente humano, no hay nada cómico».

Carlos Delgado Mayordomo
Cat. Circuitos de la CAM 2017